martes, 29 de mayo de 2012

CHINA

Este año ha sido un tiempo muy afortunado con muchos viajes en todo el mundo. Pero la ocasión más interesante fue la oportunidad de trabajar en China por dos meses este otoño pasado. Estuve en México solamente unos meses antes de recibir la noticia de que la oficina en Beijing necesitaba a alguien para ayudar con la temporada pesada. Estaba acostumbrándome lentamente a la vida y la gente mexicana y descubriendo poco a poco el Distrito Federal. Sin embargo, no podía rechazar esta oportunidad de visitar y vivir en uno de los países más influyentes en el mundo actualmente.

Después de casi 24 horas de viaje, empecé mi aventura en Hong Kong. La primera impresión fue la densidad. La densidad de población (hay casi 8 millones de personas en un área de un tercio del D.F.) y la densidad de los edificios. Caminando en las calles, es casi imposible ver el cielo y también casi imposible ver las calles. Desafortunadamente, muchos de los edificios históricos han desaparecido –pero hay una mezcla interesante de arquitectura súper moderna con departamentos y edificios de los años cincuenta. También en el centro hay una yuxtaposición evidente de los mercados tradicionales con las tiendas de lujo. Hay mercados de mascotas y pájaros al lado de Louis Vuitton y Prada. A pesar del hecho que Hong Kong es una ciudad muy internacional con muchos expatriados, donde casi todos hablan inglés, se ve que todavía hay un conflicto entre la vida tradicional y la vida moderna.

Esta lucha entre las generaciones es quizás más evidente en Beijing. Hace solamente diez años que la mayoría de la gente allí andaba en bicicleta. Pero con el relativamente reciente éxito y ascenso de China en la escala mundial, hay un crecimiento de la clase media y, por lo tanto, un crecimiento del ingreso prescindible. Ahora, hay más coches que bicicletas, y Beijing está desarrollando un problema muy conocido en México: el tráfico. Pero, más que en las otras ciudades grandes, como Hong Kong o Shanghai, la historia de China es más evidente en Beijing. La planificación de la ciudad, la gente, el medioambiente, la comida, los palacios históricos son todos recordatorios del pasado complicado de China.

Todavía, es muy difícil vivir allá sin saber hablar mandarín. Da la sensación de que hay tanto escondido para un visitante temporal. Pero, creo que es parte del misterio.

1 comentario:

Mike Baclacian dijo...

Me gusto mucho leer sus comentarios. Gracias.